Un Hilo de Agua y Sangre
Un Hilo de Agua y Sangre
Y me encontraba allí, tirado en medio de todo un caos, después de haber implotado y explotado, buscando entre la arena alguna razón para seguir pendiendo de un hilo rojo, era más fácil tomar las tijeras y cortarlo que permitirme estar más aquí, en este sufrimiento de existir. Miraba el oleaje en aquella noche, viendo como cada ola se llevaba una parte muy íntima de mí mismo, mientras que cada ola que venía llegaba con más desesperación y dolor, lloraba y golpeaba las rocas mientras maldecía las rocas, allí sentado al lado de aquel cuerpo tuyo, ahora silueta vacía que me demostraba nuevamente la fragilidad de un ser, como para que unas tijeras bastaran para haber acabado contigo.
El cuerpo que antes me despertaba deseo ahora influía en mí con miedo y terror, agua y sangre emanaron como del costado de Jesús en aquel mar, mar que en cada ola se llevaba aquella sangre y coágulos y regresaba vacía, pacifica, sin nada de aquella sustancia tan traumática que estaba en todo mi cuerpo. Las luces se apagaron y las estrellas se encendieron, reflejadas y distorsionadas en el vasto mar, lograba verlas, al igual que los libros, lápices y borradores que tire allí en medio de aquella pelea. Mire tus ojos vacíos, carentes de un alma, ausentes de vida, pero que en estos mismos, veía lo mismo que habitaba en el mar, no era algo animal, por el contrario, era eso mismo que habitaba todo sin habitar nada, eso que no era ni malo ni bueno con el hombre, solo le resultaba a este mismo indiferente.
Deje ir tu cadáver en el mar junto con nuestros recuerdos, pero antes que soltarte, me deje ir contigo y en aquella fría y oscura noche los dos por fin juntos estuvimos nuevamente, calentándote yo con mi eterno calor y tu sumergida en tu eterno frío, ambos reflejados y unidos nuevamente en el mar, sol y luna, dispuestos a morir cuando el tiempo desee separarnos nuevamente.