Garden Of Velities

Apricot Section.

Garden of Velities

En el jardín de mis sueños ha crecido todo tipo de flores y criaturas, seres anormales y llenos de magia que han crecido, se han transformado; Metamorfosis es algo recurrente y que llevan sujeto a su nacimiento, después de todo, del ser cambiante nacen criaturas semejantes, y como puede ser bello, también da paso a que muchas de mis flores se marchiten.

El jardín fue levantado en paredes que como cualquier criatura de mis sueños están vivas, se elevaron y llenaron de musgos varios, corroyéndose ante los años, su color anaranjado rojizo brillante hoy no es más que un tono purpura oscuro, se desmoronan algunos pedazos del viejo ladrillo y en aquellas heridas deja entrever la magia que habita dentro de aquellos muros. Lo que alguna vez fue césped se llenó lentamente por plantas invasoras de todo tipo, duplias, metáforas, pequeñas veleidades y una que otra quimera de hongos y varios tipos de manos que intentan arrastrarme hasta lo más profundo de la tierra. El árbol que solía darme sombra ha muerto, y su viejo cadáver se ha petrificado en un cielo nocturno que no se inmuta a la presencia del sol, quizá no murió y solo vive impregnado en la esencia misma de la eterna noche, lentamente de entre las cascaras de la piel muerta de ese árbol he visto salir algo nuevo, no parecía verse como algo que yo hubiese conocido, pero lentamente le he visto tomar forma.

Al inicio pensé que se trataba de un zorro, muy pequeño, de un tono cálido, un fosforescente naranja que resaltaba su gran luminosidad con la que llenaba aquel cuarto oscuro y extraño en el que se había transformado mi jardín. Algún día aquella luz se apagó y supuse que quizá se habría marchitado, pues en aquel cuarto solo había espacio para la muerte y miseria, pero de su pecho surgió una Qualle flotando, era de un celeste vivo, y lentamente esa misma Qualle fue llenando aquella habitación cuyo algún día su cielo había sido de aquel mismo celeste.

Luego vi el zorro despertar, aquella vez era más grande, su luz ahora no era cálida, había cambiado, era azul oscuro cual mar y aquella mismo movimiento del oleaje se veía en ella. Se acercó a mí, pronto se acostumbro a mis cariños y a dejarme jugar con su pelaje, se echaba encima mío y aprendí a quererlo. Alguna vez entre juegos y risas, noté que era yo realmente quién se había adaptado a él, aquel zorro me había domesticado.

Fue entonces cuando pude ver caer de sus brazos largas pieles cual sabanas, surgía aquella nueva forma de si mismo y en cuanto me abrazó pude sentir aquella oscuridad irse por un instante. A cada segundo que me abrazaba podía sentir las grietas de aquellas paredes cerrarse, no porque aquellos fragmentos caídos retornarán a sus lugares, no, si no porque de la magia que los habitaba surgía algo nuevo, algo que ya no era más un ladrillo naranjado rojizo, quizá el purpura se avivaba y le daba una nueva vida a lo que alguna vez fue el cadáver putrefacto que yo habité.